EL JUGADOR Víctor Cruz, de los Gigantes de Nueva York, comparece ante la prensa en el estadio Lucas Oil de Indianápolis.
(Resumen de Agencias) Cuatro años después del que muchos consideran fue el mejor desenlace en la historia del Super Bowl, los Gigantes y Patriotas vuelven a citarse en el partido de campeonato de la NFL.
Aunque esta vez no estará en juego una foja invicta, el duelo del domingo es igual de atractivo.
En 2008, cuando Nueva Inglaterra estaba invicto y había derrotado a Nueva York en el último partido de la temporada regular, los Patriotas eran favoritos por un margen de 12 puntos en las apuestas.
La diferencia es ahora de tres y, esta vez, los Gigantes los vencieron durante la campaña.
Además, ambos equipos llegan enrachados. Los Patriotas (15-3) tienen 10 victorias consecutivas —contra 18 en el 2008— y los Gigantes (12-7) han ganado cinco al hilo.
Todo esto no es poca cosa, según Bill Belichick, que empatará el récord entre los entrenadores con su quinta aparición en el Super Bowl.
“Desde hace días me han preguntado sobre ese partido. Todos los encuentros del pasado no significan mucho en este momento”, dijo Belichick, que lleva una foja de 3-1 en partidos por el título en la NFL.
“Este partido tiene que ver con este equipo de este año. Realmente no somos muchos los entrenadores y jugadores que estuvieron involucrados en ese encuentro... Estamos donde estamos ahora y somos diferentes de lo que fuimos al principio de la temporada”, señaló.
Sin embargo, aquella derrota todavía retumba en la mente del apoyador Rosevelt Colvin, de los Patriotas.
“Fue como un golpe en el estómago”, describió. “Todavía no puedo mirar los momentos destacados de ese partido porque la oportunidad que perdimos fue muy grande”.
Tener la experiencia de haber llegado hasta estas alturas con anterioridad es muy útil, de acuerdo con Justin Tuck, líder de la defensiva de los Gigantes que al recuperar la salud y el nivel de juego ha sido clave para el resurgimiento de Nueva York.
|